Christina Rosenvinge


Nunca he sido fan de Cristina Rosenvinge, pero recuerdo que ya de bien jovencito, la veía en la tele y me parecía muy atractiva. Vamos, que me ponía.

Recordé el otro día que Cristina Rosenvinge le dedica una canción al eco:





De hecho, la canción se basa en la historia mitológica de Eco, ninfa condenada por Hera a repetir la última palabra de la persona con la que estuviera hablando. Parece ser que Hera se mosqueó porque Eco tuvo un temilla con Zeus, su marido. En fin, no es relevante ahora mismo. En cualquier caso, Eco se enamoró de Narciso, que ya tenía suficiente con lo suyo, y acabó en una cueva.

¿Cuántas veces reparamos en “El Eco”? No me refiero al típico eco que se produce en una cueva. De pequeño entras en una cueva y te explican que allí, si gritas, se escucha el eco: tu eco. Y entonces lo intentas: “Eecooo”, y alucinas cuando oyes “eeecoo…ecooo…”. Es tu voz, repetida, en un espacio vacío. Pero no quiero hablar de ese Eco, hablo del otro, del que produce un vacío de verdad. Un espacio vacío en el antes había algo. Que antes estaba lleno.

Reparé por primera vez en El Eco durante mi última mudanza. Abrí la puerta de una casa en la que había vivido, que en esos momentos estaba vacía, sin muebles, sin tiene tele de fondo, sin ese molesto zumbido de la nevera, o del fluorescente. El sonido había cambiado totalmente. Era una casa llena de nada. Cerré la puerta y lo que (no) oí me abrumó. Percibí ruidos que nunca había percibido en ese espacio.

Es el eco. Das un paso, carraspeas, dejas en el suelo la caja que llevas para coger las últimas cosas. Todo resuena como nunca lo había hecho. Los muebles y los objetos configuraban, sin que lo supiera, el sonido ambiente de una vida. Ese Eco no apareció allí de repente, ese Eco lo traje conmigo.

¿Cuántas veces lo ignoramos? ¿Cuántas veces hablamos y aparece El Eco? En una relación, por ejemplo, ya sea de pareja o no, hay veces en las que algo te dice que no funciona. Sin embargo, los muebles, que llevan tanto tiempo ahí, amortiguan lo que te estás diciendo. O también en un trabajo, donde el clic constante del ratón permite que te ignores. Permite que no te escuches.

El Eco aparecerá, tarde o temprano, siempre. Si no estás de excursión, con amigos, en una cueva, vale la pena atender y escucharlo bien, no sea que te esté avisando de algo. 


Dice Cristina Rosenvinge que “el terror al vacío es de donde nace todo. Las canciones y cualquier creación personal.” Y hasta le dedica una canción: “La absoluta nada”. La verdad es que a sus 50 me sigue poniendo como el primer día. 

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