Tazas


Tenía que pasar. Cualquier día iba a pasar. Pero nadie se quiso dar cuenta. Llevaba ya tiempo en silencio. Nunca se quejó. O si, pero en voz baja. Les contemplaba, absortos en sus pantallas grandes, pantallas pequeñas, pantallas curvas, pantallas planas, pantallas 3D. Pasaban horas delante de ella. La ignoraban. El último Sant Jordi fue la gota que colmó el vaso. Ya en el anterior estuvo a punto de cometer una barbaridad cuando le añadieron un libro de dibujitos de autoayuda. Mr Wonderful VS. Vazquez Montalbán. Nunca fue pretenciosa, nunca tuvo aspiraciones, siempre en su sitio, clase media, alguna concesión a la filosofía, pero en general, era de best sellers, y lo sabía. Pero el último Sant Jordi, a media tarde, lo vio. Vio una caja envuelta de regalo. Un libro digital, un e-book, un e-reader, como se llamara. Y no pudo más. El propietario del todoterreno declaró que no pudo hacer nada, que cuando la vio en la pantalla de la cámara trasera, era demasiado tarde. La fotografía fue tomada pocos minutos después, justo cuando llegaban los Mossos. El juez de guardia procedió al levantamiento de los tomos. Se comenta que en el hueco que ha dejado han colocado unas tazas. 


Fotografía tomada minutos después del suceso