¿Y por qué no?


Cuando empecé a escribir este artículo tenía la idea de iniciarlo con un ejemplo concreto. El título “¿y por qué no?” pretendía ser una pregunta-excusa para explicar un caso concreto de una persona o grupo de personas que hubieran conseguido algo que todo el mundo considerara que a priori era imposible. Y empecé a buscar información sobre ejemplos de superación conocidos y no tan conocidos. Y llegó el momento en el que tenía que empezar escribir y no supe por dónde empezar, porque me sobraban ejemplos. Antes de empezar a escribir ya me había dado cuenta de una cosa. La realidad está llena de personas capaces de superar retos imposibles, muchos conocidos por todo el mundo, muchísimos más totalmente anónimos. Por poner un ejemplo muy reciente, durante estos días ha sido incesante la avalancha de noticias llegadas desde Chile generadas por el rescate de los mineros. Nunca antes se había rescatado a nadie que estuviera a 700 metros de profundidad, y que hubiera pasado allí 70 días. Y se hizo. Me imagino que en el momento en el que se comprobó dónde y cómo habían quedado sepultados los mineros, la primera reacción fue darlos por muertos, hasta que alguien se preguntó ¿Y por qué no?

Hace un tiempo asistí a una conferencia de Alex Rovira en la que hablaba de Dick y Rick Hoyt, padre e hijo, conocidos como "Team Hoyt". Rick padeció falta de oxígeno en el cerebro en el momento del nacimiento (1962), lo que le ocasionó una parálisis cerebral. Los padres de Rick, lejos de seguir el consejo de los médicos, decidieron que la vida de su hijo sería lo más parecida a la vida de cualquier persona sin discapacidad. De esta manera, consiguieron que su hijo pudiera comunicarse con el mundo a través de una computadora que manejaba con su cabeza y finalmente pudo entrar en una escuela pública. Por si eso fuera poco, en 1977, Rick le pidió a su padre participar en una carrera benéfica. Su padre aceptó y corrió empujando a su hijo en una silla de ruedas preparada. En 2009, la Maratón de Boston fue oficialmente la carrera número 1000 del “Team Hoyt”. En estos casi 30 años compitiendo, el “Team Hoyt” ha llegado a participar en multitud de triatlones (6 de ellos IronMan), en los que el padre y el hijo corren, nadan y montan en bici juntos. La verdad es que las imágenes son realmente espectaculares. Y todo debido a que sus padres en su momento se preguntaron ¿y por qué no?

Me imagino que esa misma pregunta se debió hacer Dick Fosbury, campeón olímpico de salto de altura en Méjico 1968. Ningún saltador, hasta ese momento, había intentado superar el listón de espaldas. Fosbury creyó que podía mejorar sus registros saltando como no lo hacía nadie, pese a la oposición de entrenadores y público. De hecho, hasta se reían de él. No solo acabó ganando en las olimpiadas, sino que cambió por completo la práctica de ese deporte, creando el que desde entonces se conoce como Fosbury Flop.

El mundo empresarial está plagado de ejemplos del uso del “y por qué no”. De hecho, no creo que exista proyecto alguno que no haya salido bien sin el uso de esa pregunta. No voy a ser especialmente original en el ejemplo, pero es que me parece suficientemente cercano a la vez que suficientemente representativo: ¿Cuántas veces se habrá hecho esa pregunta Amancio Ortega? Se la debió hacer cuando decidió abandonar la mercería La Maja, en la que empezó a trabajar a los 15 años, y crear su propio negocio. Se la debió hacer también cuando fundó Confecciones GOA, embrión del actual grupo Inditex, rodeado de un equipo de gente de confianza. Seguro que se la debió formular cuando se plantearon vender fuera de nuestras fronteras. ¿Qué hubiera pasado si abiertas dos tiendas, o tres, Ortega no se hubiera seguido preguntando “Y por qué no”?

Estos son solo cuatro ejemplos conocidos personas que han decidido en un momento dado salirse de los caminos ya establecidos y buscar vías alternativas para alcanzar sus metas. Pero en la cotidianidad residen millones de ejemplos más que todos conocemos, aunque no aparezcan en Google. Todos ellos tienen en común, por un lado, que tienen unos objetivos claros establecidos y, por otro, que no están condicionados por el pasado para la consecución de los mismos. No creo que a Fosbury le convenciera una explicación del tipo “..es que siempre se ha hecho asi…” para que dejara de probar su nuevo tipo de salto. Es más, probablemente podría ser un estímulo para buscar fórmulas alternativas mejores.

Voy a escribir lo obvio: vivimos tiempos difíciles. La palabra “crisis” arroja 123 millones de entradas al realizar una consulta en Google. ¿No es precisamente éste el momento mas adecuado para replantearnos modelos que se han demostrado irreales? ¿No es el mejor momento para cuestionarnos constantemente “y por qué no”? Siguiendo la estela de los ejemplos anteriores, deberíamos ser capaces fijarnos nuevos objetivos, objetivos ambiciosos (¿por qué no?) y pensar en nuevas formas de conseguirlos. Y en este sentido, debemos ser capaces de aprovechar las enormes posibilidades que nos brinda la tecnología a nuestro alrededor. Nunca se contó con herramientas de comunicación y gestión del conocimiento tan potentes y tan accesibles a la vez. Estas herramientas no solo generan nuevas oportunidades, sino que igualan en posibilidades a competidores, cuya distancia hace unos pocos años era inasumible. En los tiempos de “la nube” da igual si estás en el interior, en la costa, en el norte o en el sur. Cualquiera con una buena idea puede llegar a cotas inimaginables. Por lo tanto, no solo deben emplearse las mejores herramientas tecnológicas, sino que debe hacerse ese esfuerzo por ser creativos e innovadores en sus usos. Es por tanto tiempo de plantearse ¿y por qué no?


(Artículo escrito para el newsletter del curro (www.semic.es) sobre el que conservo (espero) ciertos derechos : ) lo reproduzco en el blog, que el pobre está un poco abandonado.)




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